—Padre, ¿qué está pasando? —preguntó Gabriel con el ceño fruncido, su voz cargada de impaciencia.
Terrance lo miró fijamente, con una intensidad sombría en sus ojos oscuros. Su postura, normalmente erguida y segura, tenía un matiz de urgencia, como si estuviera a punto de revelar algo que cambiaría todo.
—Siéntate, hijo. Debemos hablar.
El tono de su padre lo desconcertó. Gabriel obedeció sin protestar, aunque sentía que su corazón latía con fuerza contra su pecho.
—Habla. Dejé sola a Lilian y…