—¡Es mentira! —gritó Terrance con voz firme, su mirada fulminante—. Estás sembrando caos, puedo ver a través de ti. Sé que mientes.
Lilian sonrió con burla, inclinando apenas el rostro con una expresión de perverso placer.
—No miento… —susurró, disfrutando la duda sembrada en los ojos de Gabriel.
Terrance, sin perder el control, hizo un gesto con la mano y dos guardias se acercaron de inmediato.
Lilian intentó resistirse, pero la tomaron con fuerza y la ataron a una silla de metal.
—¡Pagarás por