En la suite del hotel.
Eugenio estaba sumido en una tormenta de pensamientos, su cuerpo tenso, su alma desgarrada.
—¡Mía nos engañó! ¡Es una Eastwood, una mujer egoísta! —exclamó María, su voz llena de veneno—. ¡No quiso compartir su riqueza, ni ayudarte en nada!
Eugenio sintió cómo la furia lo envolvía.
Era como si el mundo entero le estuviera dando la espalda, y la figura de su madre se alzaba como una pared de hielo entre él y el único ser que le había brindado apoyo en su vida.
—¡Cállate, ma