Terrance levantó a Paz con delicadeza, como si sostuviera un cristal a punto de romperse.
Sus manos temblaban, su corazón martilleaba en su pecho mientras la colocaba suavemente sobre la cama del hospital.
La enfermera y el doctor llegaron a toda prisa, pero él no quería soltarla. No podía.
—Señor, debe salir —indicó el médico con tono profesional.
Terrance apretó los dientes, su mirada oscura y tormentosa recorrió el rostro pálido de Paz antes de asentir y retroceder, obligándose a salir de la