Paz sintió que se quedaba sin aire, como si el aire de la habitación se hubiera evaporado en un instante.
Su pecho subía y bajaba frenéticamente mientras luchaba por mantener la calma.
Un grito resonó en su garganta, pero no salió. En lugar de eso, la rabia la invadió.
¡Deborah! ¿Cómo se atrevía? Su cuerpo tembló, pero decidió que debía pelear, que no podía ceder.
Con una fuerza que no sabía que poseía, sacó lo último que le quedaba y empujó a Deborah con todas sus fuerzas.
La puerta se abrió co