Tuvieron que salir de inmediato, como si el aire en la habitación se hubiera vuelto venenoso.
Terrance apretó el brazo de Deborah con fuerza, como si fuera un último intento por controlarse.
—¡Eres una desgraciada! —su voz temblaba de rabia contenida.
—¡Bruja mala! —gritaron las gemelas al unísono, al ver a la mujer ahí.
Deborah, sin inmutarse, se alejó de Terrance y miró a las niñas con una sonrisa despectiva.
—Pues esta bruja mala… ¡Será su madrastra! Me casaré con papito, y ni ustedes dos, ni