Pronto, una multitud comenzó a rodear a Paz, como si fuera un imán que atraía tanto admiración como envidia.
Los aplausos resonaban y los rostros de empresarios y colegas se iluminaban con elogios.
—Señorita Leeman, mis felicitaciones. Su talento es asombroso, y todos estamos ansiosos por hacerle una oferta a grupo Coleman para su nueva tecnología —dijo un hombre de cabello gris, cuya sonrisa denotaba admiración, pero también un claro interés comercial.
Paz les agradeció con modestia, pero su co