—¡Deborah, eres tan cruel! —rugió Terrance, con la furia brillando en sus ojos—. No conforme con separarme del amor de mi vida, ¿ahora intentas lastimar a Paz? ¡Cuando ya ha sufrido tanto!
Paz sintió cómo su pecho se comprimía al escuchar esas palabras.
Él aún la llamaba "el amor de su vida". Pero… ¿De qué servía eso ahora?
El murmullo de los invitados era un murallón de cuchicheos afilados como cuchillas.
Deborah sintió cómo su piel ardía de la humillación. La mirada de los presentes la atraves