Randall Coleman entrecerró los ojos, afilándolos hasta convertirlos en dos rendijas de pura tensión.
Apenas cruzó la entrada, el aire se volvió denso, y su pecho, oprimido.
Su mirada recorrió el lugar con precisión quirúrgica, buscando, escaneando… y entonces la vio.
Allí estaba Bianca, moviéndose con sensualidad, atrapada en los brazos de otro hombre.
El mundo pareció inclinarse.
Randall sintió algo indescriptible.
No era decepción ni simple enojo. Era furia. Un impulso primitivo, una rabia cor