Lucas llegó a la entrada del palacio. Le habían informado que el duque Belmont finalmente había llegado y, ante la ausencia de su rey, a él le tocaba recibirlo. Además, tenía la orden clara de mantenerlo distraído hasta la presentación oficial de Sienna.
—Bienvenido, duque Belmont —dijo Lucas con respeto. Sin embargo, no le dedicó una reverencia; como beta del rey, solo ante Maximiliano Kaine agachaba la cabeza.
El duque lo miró con fijeza, la fuerza de su sangre antigua pesando en el aire, aun