Axel retiró la mano de aquella chica albina; su simple tacto hizo que se sintiera más incómodo de lo que ya estaba. La albina pareció darse cuenta y bajó la mirada al suelo.
—Lo siento, yo solo… —dijo ella apenas, con voz temblorosa.
—El rey Maximiliano no puede atenderla en estos momentos, debe comprenderlo —dito Axel, tratando de sonar tranquilo.
Ella asintió y soltó un suspiro pesado. No era fácil para ella estar así en esos momentos, no después de haber perdido todo lo que tenía.
—¿Cuál es