Maximiliano veía a la mujer que tenía el mismo rostro que su pequeña loba. Tantas vidas pasadas y esta era la primera vez que existían dos mujeres con la misma cara; sin embargo, para él, la única seguía siendo Sienna, esa lobita rebelde que poco a poco se estaba escabullendo en su corazón.
—Max… —dijo Circe, llevando una mano al rostro de él.
Él frunció el ceño. Ella debía saber perfectamente que no podría engañarlo: ella y Sienna tenían aromas diferentes, sin mencionar que Sienna estaba marca