Mundo ficciónIniciar sesiónSienna y Circe se probaban los vestidos que usarían durante la Ceremonia de Unión.
El vestido blanco que Sienna había elegido le sentaba a la perfección. El diseño resaltaba su figura con elegancia, ajustándose a su cintura antes de caer suavemente hasta el suelo. Su escote recto le daba un aire refinado, mientras que las mangas largas de encaje abrazaban sus brazos y aportaban un toque delicado al conjunto.
—Te ves hermosa —dijo Circe con una sonrisa.
Ella había optado por un vestido azul celeste que contrastaba con sus ojos. El escote corazón realzaba sus atributos, mientras que la falda fluida le otorgaba una apariencia etérea que atraía las miradas con facilidad.
Sienna observó a su hermana a través del espejo y sonrió.
—Tú también. — Dijo tomándola de las manos — Me entere que el Rey Lycan vendrá, tal vez puedas atraer toda su atención.
Circe soltó una suave risa y giró sobre sí misma para admirar el vestido.
Por un momento, las dos hermanas parecían exactamente lo que siempre habían sido: inseparables.
— Es tu día, hermanita, la atención debe estar en ti — Dijo Circe mirándose al espejo.
*******
Después de la prueba de vestidos, las dos regresaron a la mansión Alfa.
Sienna subió directamente a su habitación para dejar las bolsas sobre la cama. Cerró la puerta y soltó un largo suspiro.
Se sentía extraña.
Desde que había despertado aquella mañana, una sensación de calor se había instalado en su cuerpo y parecía intensificarse con el paso de las horas. Su piel estaba más sensible de lo normal, su corazón latía con rapidez y le costaba concentrarse en cualquier cosa.
Se dirigió al baño con una ligera sonrisa.
Tal vez aquella noche podrían estar a solas antes de la ceremonia.
Después de todo, en menos de veinticuatro horas dejarían de ser una pareja comprometida para convertirse oficialmente en Alfa y Luna. Follar diario sería parte de su vida ahora, o eso es lo que pensaba.
Circe caminaba por el jardín. La ceremonia de unión de su hermana sería mañana y pronto tendría que separarse.
— No quiero — susurro Circe deteniéndose bajo la sombra de un árbol — Asteria, no quiero separarme de Sienna.
Asteria suspiro en su mente, no podían hacer nada ya, Sienna ya le pertenecía a ese alfa Karl, podían sentirlo en su aroma que estaba impregnado en ella.
— Circe — La voz de Karl la sacó de sus pensamientos. — Lo siento, por un momento casi te confundo con Sienna.
Circe entrecerró la mirada y negó, era obvio que mentía, a pesar de ser gemelas, tenían aromas diferentes además de vestirse diferente. Karl no pudo haberlas confundido.
— No mientas, mi hermana incluso tiene tu aroma impregnado en todo su cuerpo — Dijo Circe cruzando los brazos.
Karl se encogió de hombros, miro a todos lados asegurándose que nadie estuviera cerca. Una vez que se aseguro que solo eran ellos dos, dio un paso a ella, invadiendo su espacio personal.
— Pareces ¿Celosa? — Preguntó con una sonrisa coqueta.
Circe trago saliva ante la cercanía del Alfa, pero no lo apartó, al contrario, lo olfateo y sintió ese aroma a macho que desprendía e hizo que su cuerpo se calentara de inmediato.
Karl olfateo de inmediato la excitación de Circe. Coloco una mano descaradamente sobre el inicio de su nalga y tiro de ella hacía a él.
— No… — Susurro Circe, tratando de entrar en razón, no podía hacer eso con el prometido de su hermana, coloco ambas manos sobre su torso, pero no lo apartó.
— Circe, lo deseas tanto como yo — Susurro Karl con su voz ronca, mientras ya con ambas manos masajeaba sus nalgas descaradamente.
Circe soltó un gemido ante esas caricias, jamás antes la habían tocado de esa manera, se había estado guardando para la llegada de su pareja destinada, pero ahora parecía ser imposible.
Levantó su rostro hacia a él y entre abrió sus labios, esperando que Karl la besara, que la tomara de la misma manera que lo hace con Sienna, no, incluso espera que follar con ella fuera totalmente diferente.
Karl la besó, su lengua se metió en su boca explorando cada rincón, mientras sus manos se metían por debajo de la falda, acariciando directamente sus nalgas cubiertas por fina tela de encaje.
Karl la besó de golpe, metiendo la lengua y explorando su boca sin rodeos, mientras le metía las manos por debajo de la falda para agarrarle las nalgas por encima del encaje.
—Aquí no —Circe logró frenar un poco el asunto y lo apartó unos centímetros—. Fóllame en tu habitación.
Karl sonrió. No iba a dejar pasar la oportunidad de follarse a la hermana gemela de su prometida a un día de la ceremonia de unión.
Se aseguraron de que nadie los viera y la llevó hasta su recámara entrando por el balcón. En cuanto pisaron el cuarto, no hubo más vueltas. Circe se entregó por completo al hombre que estaba a punto de unirse a su hermana.
Karl la tiró sobre la cama sin delicadeza y le subió la falda hasta la cintura. Circe abrió las piernas, mirándolo con fijeza mientras él le arrancaba el encaje de un tirón, dejando su intimidad al descubierto.
Sin perder tiempo, Karl se acomodó entre sus muslos. Le abrió las piernas con fuerza y hundió la cara directamente entre sus piernas.
El golpe de su lengua húmeda y directa le sacó a Circe un gemido ronco que resonó en la habitación. Karl empezó a lamerla con pasadas firmes y rápidas, usando los dedos para abrirla más y presionando con fuerza el clítoris. Circe le clavó los dedos en el pelo, arqueando la espalda por la intensidad y restregando su pelvis contra su boca, buscando acelerar el ritmo
A los pocos minutos, el cuerpo de Circe se tensó por completo; soltó un quejido ahogado contra la almohada y se vino, temblando mientras se corría en su boca. Karl se quedó ahí un momento, tragándose el flujo, y luego se limpió los labios con el dorso de la mano mientras la miraba desde abajo.
Karl se levantó de golpe, se desabotonó el pantalón y se sacó el miembro ya erecto. Sin darle tiempo a recuperarse, le abrió las piernas más de par en par, se acomodó entre sus muslos y la penetró de un solo golpe.
Circe soltó un grito que ahogó contra la almohada.
Karl la agarró firme de las caderas y empezó a meterla con fuerza, dándole embestidas duras y seguidas.
Circe le envolvió la cintura con las piernas para aguantar el ritmo, clavándole las uñas en los hombros mientras él seguía dándole rápido, buscando venirse sin importarle nada más.
*****
Sienna salió de su habitación y caminó por el pasillo en dirección a la recámara de Karl. Quería sorprenderlo antes de la ceremonia, pero con cada paso una extraña sensación se instalaba en su pecho.
Algo no estaba bien.
Cuando llegó frente a la puerta, se quedó inmóvil, del otro lado se escuchaban gemidos. Su corazón se aceleró de golpe.
No.Debía estar equivocándose. Tenía que ser un error.
—¡Karl! ¡Karl, fóllame más! —gritó una voz que conocía demasiado bien.
Era Circe.
—Maldita sea, Circe, estás apretada... te voy a llenar de mi leche —gruñó Karl.
El mundo de Sienna se detuvo.
Sus manos comenzaron a temblar y el aire abandonó sus pulmones. No quería creerlo. Pero aun así reunió el valor que le quedaba y abrió la puerta.
Entonces los vio.
A su prometido y a su hermana gemela.
Y en ese instante comprendió que todo lo que había creído tener estaba basado en una mentira.
— ¡Sienna! — Grito Circe al ver a su hermana en la puerta.
Karl se apartó rápidamente, cubriéndose con sus manos su entrepierna. Mientras que Circe tomó las sábanas.
— ¿Por qué? — Susurro Sienna, mientras sus ojos se empañaban de lágrimas.
Circe se levantó en vuelta en las sábanas, trato de acercarse a ella, pero Sienna retrocedió y negó, luego miro a Karl quien no se había movido de su lugar.
— Yo…no — Circe no podía decir nada más. No tenía ninguna excusa para explicar la realidad, la había traicionado con su prometido a una noche de su ceremonia de unión.
Sienna forzó a ninguna lágrima derramarse, se dio la vuelta y salió corriendo de ahí, no quería verlos, no soportaba la traición que acababa de vivir a manos de su prometido y su hermana, su otra mitad.







