Sienna no podía apartar la mirada de aquel hombre de ojos amarillos que la miraba con una intensidad que hacía que todo su cuerpo temblara y su sexo se mojara de inmediato.
Santiago miró con precaución ante el gruñido del rey Lycan. Pero antes de que pudiera moverse de su lugar, los dos hombres que acompañaban al rey se acercaron a él.
—Rey —dijo el hombre de cabellos chocolate, colocándose frente a él.
El rey sacudió la cabeza, controlando al lycan en su interior. Mantuvo sus ojos cerrados por