Maximiliano llevó su boca al cuello; con los dientes afilados desgarró la tela de la blusa para dejar su marca al descubierto y pasó la lengua por la zona, sacándole más gemidos a Sienna.
Sienna se dejó llevar por el placer.
El rey Lycan la follaba con rudeza, haciéndola sentir cómo sus paredes internas se estiraban en cada estocada para recibir el grosor de su miembro.
—¿Quieres que me detenga, lobita? —gruñó Maximiliano cerca de su oído.
—No… fóllame, cógeme más duro —gimió Sienna envuelta e