Las horas continuaban pasando y la ceremonia de unión seguía en pie. Sienna se miraba al espejo mientras terminaban de peinarla. Se había asegurado de que nadie notara la enorme marca que el rey Lycan le había dejado, pero eso ahora era lo de menos. Tenía que detener la boda con Karl; no pensaba unir su vida a un alfa tan despreciable, al que no le importó follarse a su hermana gemela.
—Señorita Sienna, se ve hermosa —dijo una de las maquillistas.
Sienna solo asintió con una sonrisa forzada. Se