Maximiliano Kaine se levantó de la cama. La mujer que había servido para saciar su deseo sexual ya se había marchado; así era como él lo hacía: una vez que se saciaba, las corría. No quería ninguna cercanía de más con ninguna.
—Rey, ya deberá dejar esta vida loca —dijo Axel, entrando a la habitación y viendo que la cama estaba hecha un desastre.
—¿Por qué? —preguntó Maximiliano con indiferencia.
Axel rodó los ojos. A pesar de que su rey había marcado a Sienna Rosental una noche antes, no parecí