Agata
El viento a mi alrededor revoloteaba emocionado. Hasta el bosque parecía estar contento; era como si los árboles supieran que algo había sucedido. Y no tenía que ver solo con el matrimonio, la ceremonia o con dos mates que, efectivamente, por fin estarían unidos contra todo pronóstico.
Sino con que el destino había vuelto a su cauce. Se había torcido, quizás porque así la Diosa lo quiso, y ahora los hechos que iban a desarrollarse eran los correctos.
El valle será uno, pensé asombrada.
De