Gael
Los lobos guardianes se detuvieron al instante en cuanto llegamos al borde de la manada. Era de noche, y el mundo estaba sumido en un halo gris. Montañas gigantes no dejaban ver siquiera la manada.
Pero ella estaba ahí; no sé cómo había conseguido escuchar su voz, o si era una plegaria, esa cinta que nos ataba de corazón a corazón. Me jalaba, hasta ella. Porque dos lobos destinados no debían estar separados nunca, y la lejanía pegaba tan duro como una enfermedad.
Los guardianes estaban mol