Agata
—¡Nora! ¡Nora! —gritaba Damián, desesperado.
—¡Llegaremos a ella, alfa! —gritó Octavio conteniéndolo.
—¡Cuidado! —aulló Arístides a mi lado, y el alfa tuvo que desviar a todos sus guerreros mientras un gigante iba a atacarlos directamente.
—¡Espadas de ónix!
—Aquí está alfa Gael —me susurró el viento.
Y supe que ese era el fin que estábamos esperando.
—Gael está aquí, está vivo, se va a enfrentar a Tiziano. Necesitamos atacar a estos gigantes —le dije a Arístides, y él entendió de inmedi