Gael
—Deja tus lobos de piedra, hermanito. ¿O acaso no crees que puedas ganarme tú solo?
Tizia no daba un paso hacia mí. Había peleado con todo lo que tenía, había derrotado a los herejes intentando sacarlos de combate, herirlos sin matarlos. Jamás había luchado tanto.
Parecía que toda la manada se detenía: los herejes, los gigantes, todos los involucrados.
—Que sea una pelea de sangre, como los antiguos herejes. Sin armas, solo tú y yo, y nuestra fuerza — Se rió cuando tiré mi espada y él hi