Nora
Sentía que estaba viviendo un sueño y que, de repente, me hubiesen despertado.
—¿Qué ha sucedido? ¿Qué demonios has hecho? —bramaba Tiziano acercándose.
—¡Ese lobo no debería habernos interrumpido! —gritaba mi loba en mi cabeza.—Él no es nuestro mate!
Pero la realidad era que ese lobo era mi esposo. Creyeran o no en la diosa Luna, yo me había unido a él y a su manada.
—Hubo un ataque de los cazadores y… —respondía Gael aún con dolor.
—Sí, ya vi el desastre que dejaron. Pensé que en algún m