Nora
—¡Eva!
—¡Norita! —exclamó ella. Contra las protestas de Gael y Aristides, fui hasta ella y la abracé.
—Eva… ¡por la diosa! —dije en sus brazos. Tenía los ojos llorosos al verla, y me parecía que ella también estaba emocionada, aunque no era una vampira que mostrara fácilmente sus sentimientos.
—¡Oh, y hablas bien! Los designios de la diosa nos han favorecido. No pensé en verte aquí, menos después de lo que ha sucedido… pensé que habías huido por fin ¡pero estás con estos herejes!
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