Gael
Había sucedido todo tan rápido.
Habíamos peleado, él había traído a Nora aquí y sentí que el mundo se me venía abajo. La cueva aún temblaba, la lava crepitaba abajo como un fuego interminable.
Y yo seguía en shock.
Éramos varios lobos en la caverna, hasta que fuimos menos y menos, hasta quedar solo dos.
—Él iba a matarnos, él iba a matarnos —repetía Iker.
Me había asomado al precipicio: no había quedado nada; rodaban piedras y el ónix se seguía juntando con la lava en un río infinito de