Nora
—Está aquí… —susurró mi loba, estremecida.
Gael irrumpió como un cometa que rasgaba la oscuridad con su propia luz, con el pecho desnudo cubierto apenas por sus collares y el cabello claro agitándose con la velocidad brutal de su avance, mientras su presencia imponía un orden salvaje en medio del caos.
Félix yacía en el suelo intentando recuperarse, con el arma plateada a unos metros de su alcance.
—¿Qué demonios haces aquí? —alcanzó a preguntar Tiziano, apenas tuvo tiempo de reaccionar an