Nora
—¡Octavio, Alan, guerreros!— los llamaba una y otra vez a través del enlace mental, aferrándome a la certeza de que los guerreros de Ciudad Ónix debían estar cerca, aunque habíamos salido sin prepararnos, con lo puesto y sin ningún tipo de apoyo. Solo tenía el cuchillo que me había dejado Gael.
—El valle estará unido, tiene bastante lógica —murmuró Indira, dándome la razón con una calma que contrastaba con el caos que nos rodeaba.
—¿A dónde vamos, dama? —me preguntó una de las omegas, ace