Tres semanas después de la muerte de Damián, Lucía estaba en la clínica de la manada con la partera, una mujer lobo de sesenta años llamada Marta que había traído al mundo a cientos de cachorros.
El examen de rutina se había vuelto tenso.
—¿Cuándo fue exactamente? —preguntó Marta, con las manos aún en el vientre de Lucía, verificando la posición del bebé.
—¿Cuándo fue exactamente qué? —preguntó Lucía, aunque ya sabía.
—El evento de poder. Cuando canalizaste a la Loba Lunar Original.
Lucía intercambió una mirada con Jacob, que estaba de pie junto a ella.
—Hace tres semanas —respondió Jacob—. ¿Hay un problema?
Marta se enderezó, y su expresión era difícil de leer.
—No un problema exactamente. Pero hay... cambios. En la vitalidad del bebé.
El corazón de Lucía se aceleró.
—¿Qué clase de cambios?
—El ritmo cardíaco es más lento de lo ideal. El movimiento es menos frecuente. —Marta la miró con ojos compasivos—. El bebé está sano. Pero está... durmiendo más de lo que debería.
—¿Es por lo que