La casa del Norte estaba en silencio cuando regresaron, pero era un silencio atento, vigilante. Karl había mantenido a toda la manada en estado de alerta, esperando noticias del claro.
Cuando Jacob cruzó la puerta con Lucía en sus brazos —ella se negaba a admitir que necesitaba apoyo, pero su cuerpo temblaba levemente— el Alfa anciano supo instintivamente que todo había terminado.
—¿Damián? —preguntó, aunque su expresión ya conocía la respuesta.
—Se fue —respondió Jacob simplemente—. Y no va a volver.
Karl asintió lentamente, procesando la información. Su mirada se movió hacia Lucía, evaluando su condición.
—Lucía, necesitas descansar. El bebé...
—El bebé está bien —interrumpió ella con suavidad—. Todos estamos bien. Solo... cansados.
Pero cuando subieron las escaleras hacia su habitación, Jacob notó que Lucía se movía más lentamente de lo normal. No era un cansancio físico. Era algo más profundo, como si algo fundamental dentro de ella hubiera sido agotado.
Encontraron a Lysander des