La casa del Norte estaba en silencio cuando regresaron, pero era un silencio atento, vigilante. Karl había mantenido a toda la manada en estado de alerta, esperando noticias del claro.
Cuando Jacob cruzó la puerta con Lucía en sus brazos —ella se negaba a admitir que necesitaba apoyo, pero su cuerpo temblaba levemente— el Alfa anciano supo instintivamente que todo había terminado.
—¿Damián? —preguntó, aunque su expresión ya conocía la respuesta.
—Se fue —respondió Jacob simplemente—. Y no va a