Lucía dormía profundamente, envuelta en la calidez de su hogar, en la habitación que había vuelto a llenar de vida con su presencia. Afuera, el bosque descansaba bajo el manto plateado de la luna, y la nieve que caía lentamente amortiguaba cada sonido, como si el mundo entero contuviera la respiración para no despertarla.
El fuego del hogar chispeaba suavemente, proyectando sombras doradas en las paredes de piedra. En medio de aquella quietud, la puerta principal se abrió con un leve crujido, y