El salón del Consejo Supremo estaba lleno antes del amanecer. Las antorchas de plata iluminaban los rostros de los alfas reunidos, y el aire olía a tensión contenida y viejas rivalidades.
El eco de los pasos resonaba en el mármol mientras los representantes de cada territorio tomaban asiento. Nadie hablaba. Nadie se atrevía.
Lucía había regresado con vida.
Pero Damián… seguía desaparecido.
En el centro de la gran sala circular, el trono de la Alta Luna permanecía vacío. Solo el sonido del fuego