Capítulo 40 — Ecos de la Luna Perdida

Días después…

El tiempo se volvió espeso, como si el mundo entero contuviera la respiración.

Jacob regresó a Fuego Eterno con el alma partida.

El día en que cruzó las puertas del fuerte, sus guerreros lo recibieron con respeto, pero ninguno se atrevió a pronunciar palabra.

El fuego que siempre ardía en el centro del patio se había apagado.

Como si hasta las llamas se negaran a arder sin ella.

El silencio era un enemigo más cruel que cualquier batalla.

Los lobos jóvenes bajaban la cabeza al verl
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