Días después…
El tiempo se volvió espeso, como si el mundo entero contuviera la respiración.
Jacob regresó a Fuego Eterno con el alma partida.
El día en que cruzó las puertas del fuerte, sus guerreros lo recibieron con respeto, pero ninguno se atrevió a pronunciar palabra.
El fuego que siempre ardía en el centro del patio se había apagado.
Como si hasta las llamas se negaran a arder sin ella.
El silencio era un enemigo más cruel que cualquier batalla.
Los lobos jóvenes bajaban la cabeza al verl