JORDÁN
La lluvia nos siguió todo el camino de regreso al territorio de la Manada Luna Roja. Caía en cortinas, pesada e implacable, como si los cielos mismos intentaran lavar el hedor a muerte que se aferraba a mi piel.
Dafne yacía contra mí en la montura, su respiración era superficial pero constante. Podía sentir su luz todavía vibrando débilmente contra mi pecho — cálida, frágil, viva. Pero bajo esa calidez, algo frío se enroscaba dentro de mí.
Algo que no era mío.
Cada paso que daba el ca