PUNTO DE VISTA DEL AUTOR
La oscuridad estaba viva. Se retorcía y arañaba la mente de Jordán como mil serpientes, silbando con la risa venenosa de Draco.
—¿Crees que puedes matarme? —se burló Draco, su voz resonando dentro del cráneo de Jordán—. Soy tú. Soy tu fuerza. Sin mí, no eres más que un muchacho tembloroso que mató a sus padres.
—¡Mentiroso! —rugió Jordán, con los ojos sangrando en carmesí. Sus venas ardían negras mientras sus garras desgarraban el vacío, buscando al fantasma que lo r