JORDÁN
Oscuridad.
Eso fue lo único que existió al principio. No la clase de oscuridad que llega cuando el sol se pone, no — esta respiraba. Me oprimía la piel, se me metía en los pulmones, susurraba cosas que no quería oír.
El pecho me dolía, como si algo pesado se posara sobre él. Intenté moverme, pero el aire era espeso — líquido — como si estuviera atrapado bajo el agua. Entonces la escuché.
—Jordán…
Su voz.
Dafne.
Forcé mis ojos a abrirse, y el vacío palpitó con tenues destellos de luz roj