DAFNE
Luz.
Eso fue lo primero que vi — una luz plateada y cegadora que se derramaba por grietas infinitas en el cielo. Mi cuerpo dolía, mis pulmones ardían, y por un momento, creí que habíamos vuelto al mundo físico. Pero entonces lo vi: el suelo bajo mis pies no era tierra. Era vidrio.
Y bajo ese vidrio había recuerdos.
Miles de ellos.
Sangre, gritos, rituales, velas encendidas… rostros que no conocía — y uno que sí.
La bruja.
Sus ojos pálidos me miraban desde el reflejo, vacíos y a