JORDÁN
El silencio era infinito.
No del tipo pacífico, sino del que te aplasta hasta que olvidas cómo se siente respirar.
No sabía cuánto tiempo había estado atrapado aquí.
El tiempo no existía en este lugar. Solo el latido de algo antiguo, arrastrándose bajo mi piel — susurrando, riendo, alimentándose.
Draco.
Su voz era un siseo constante en el fondo de mi mente.
Una sombra que respiraba cuando yo respiraba. Un veneno que palpitaba en mis venas.
—No puedes luchar contra mí para siem