JORDÁN
El fuego dentro de mí se negaba a morir. Ardía lento y constante, como una tormenta esperando estallar. Cada respiración se sentía más pesada, cada latido más fuerte de lo que debía. El aire en mi pecho vibraba con algo oscuro… algo que no reconocía.
Dafne yacía inmóvil en la cama a mi lado, su piel pálida, sus labios temblando como si susurrara en sueños. Extendí la mano para tomar la suya, apretándola con fuerza, mi pulgar rozando las venas tenues que brillaban bajo su piel. Palpitaba