DAFNE
Oscuridad.
Eso fue todo lo que sentí al principio.
El tipo de oscuridad fría y pesada que se posa sobre el pecho y llena los pulmones de silencio.
Odiaba la oscuridad. Siempre la odié.
Ahora estaba atrapada en ella.
Intenté gritar, pero mi voz se desvaneció antes de llegar a mis labios.
El aire era espeso, asfixiante.
Y entonces, en algún lugar profundo del vacío, escuché una voz.
Suave. Familiar. Cruel.
—Por fin —susurró, y mi sangre se heló—. Estás lista para ver.
Eleonora.
Su