ELEONORA
El susurro aún resonaba en mis oídos mucho después de que la sombra desapareciera.
Me quedé inmóvil frente al espejo agrietado, mi reflejo temblando bajo el pálido resplandor de la luna.
«Ayúdame a liberarlo, o muere con los demás».
Esas palabras no se desvanecían. Se aferraban a mi piel, frías y afiladas, como escarcha que se niega a derretirse.
Cada instinto me gritaba que las ignorara, que fingiera que no había sucedido, pero mis latidos me traicionaban. Había algo real en