Orión
El aire entre nosotros aún estaba cargado por la pelea.
No era de ese tipo que se disipa cuando los puños dejan de moverse… no, esta tensión persistía.
Se aferraba a las paredes, se enroscaba bajo tierra, vibrando en el espacio entre cada respiración. Una palabra equivocada, un cambio de tono, y volveríamos a estar allí.
Desgarrados el uno por el otro.
El Rey estaba frente a nosotros, su presencia tan opresiva como el peso del planeta mismo. Su mirada iba de Lucien a mí, aguda y calculado