Su atención se dirigió hacia mí de inmediato, con la irritación reflejada en su rostro. —No te metas —espetó.
No respondí, no hacía falta.
En lugar de eso, extendí el basilisco que tenía detrás hacia la mujer sin mirarla. —Sujétalo —le dije.
Dudó un segundo, pero al ver que iba a ayudarla, lo tomó, sujetándolo con cuidado.
Bien. Eso me liberó las manos.
Tal como esperaba, el hombre se abalanzó hacia adelante, pero me aparté, dejando que su impulso lo llevara, y luego le di un codazo en las cost