EPÍLOGO
Elara
—Orion, vamos, vamos a llegar tarde —grité, mi voz resonando levemente en la habitación mientras me miraba al espejo, girando un poco para comprobar cómo me quedaba el vestido.
La tela se ajustaba a mi figura de una manera diferente, cayendo suavemente desde mis caderas hasta mis tobillos.
Pero a pesar de lo bien que me quedaba, uno de los botones se resistía a abrocharse.
Lo miré con el ceño fruncido, girando la cabeza de un lado a otro intentando que se moviera.
Por suerte, oí u