—Rory, vete —susurro—. Por favor. No deberías estar aquí.
Por supuesto, él tampoco me escucha.
Su mirada se posa en el agarre de Jackson sobre mi brazo, y algo en su expresión se ensombrece.
—¿Por qué la tocas así? —exige.
Los labios de Jackson se curvan en algo que no llega a ser una sonrisa. —Eso no te incumbe.
—En realidad, sí me incumbe —espeta Rory—. Suéltala.
La tensión se palpa en el ambiente mientras los dos hombres se miran fijamente.
—Rory —advierto, con el pánico apoderándose de mí—.