Karen estaba nerviosa, sentada en una silla de plástico que cojeaba apenas un poco. El mantel tenía manchas antiguas de salsa, y el menú estaba impreso en una hoja plastificada con esquinas desgastadas. Pero ella lo había elegido con cuidado: un lugar sencillo, honesto, donde el presupuesto no la hiciera sentir menos.
Esperaba a Paul con las manos entrelazadas sobre la mesa, mirando el reloj cada tanto. Había ensayado lo que diría, cómo sonreiría, incluso cómo evitar que notara su ansiedad.
—¿P