Helena iba con Nicolás en el auto camino al edificio de Atelier. El día del desfile de Gabriel había llegado, y el ambiente estaba un poco tenso.
Ella no dejaba de pensar en las palabras que les diría a ambos: cobardes, buenos para nada, demonios. Negó con la cabeza, desde su punto de vista, sonaba muy infantil.
Inhaló hondo.
—¿Tienes tu invitación? —preguntó Nicolás, mirándola de reojo cuando llegaron a un semáforo en rojo.
—Sí —La sacó de su cartera—. Sé que no nos dejarán entrar sin ella