Nicolás fue directo a la oficina de Helena, sin detenerse a saludar a nadie en el pasillo. Llevaba el ceño ligeramente fruncido, el paso firme, y una carpeta en la mano con sus proyectos a futuro.
Al llegar, golpeó suavemente la puerta entreabierta y entró sin esperar respuesta. Helena levantó la vista desde su escritorio, sorprendida por la intensidad en su mirada.
—Necesito hablar contigo —dijo él.
Helena se enderezó en la silla, dejando a un lado lo que estaba haciendo, sus bocetos. Sabía q