Cinco años después…
Nicole corría de prisa, con el corazón acelerado y las piernas temblando. Su madre le había dado una noticia que la tenía mal.
—¡Hermana! ¡No corras así! —la regañó Noah, viéndola desde abajo—. Te puedes caer tonta. ¿Se te olvida las veces que me he caído yo?
Noah la interceptó justo cuando bajaba las escaleras. Le agarró el brazo con fuerza, lo suficiente para hacerla detenerse. Nicole tenía la respiración entrecortada y el ceño fruncido, como si algo le pesara en el pecho.
—¿Qué te tiene así? —preguntó.
—¡Tengo que ir con papá! —exclamó, desesperada—. Sólo él me puede llevar…
La vista de Nicole se le nubló por las lágrimas que amenazaban con salir.
—¿Qué te sucede? ¿Llevar a dónde? —preguntó, frunciendo el ceño.
Nicole lo abrazó de pronto, rodeándolo con fuerza. Noah se quedó quieto, sorprendido por el gesto inesperado.
—Haru se va… —soltó, con la voz quebrada.
—¿Qué? ¿De qué rayos hablas?
—Mamá me dijo hace rato que Haru se va con sus padres a Jap