—No te vayas —Nicole tomó sus manos con las cejas hundidas—. Te ha costado mucho hacer amigos aquí, imagínate allá.
Haru sonrió.
—¿Eso es lo que te preocupa? —Alzó una ceja—. Puedo cuidarme solo, Nicole. He aprendido a hablar mucho más gracias a tu ayuda, ¿lo olvidas?
Nicole se mordió una uña, incómoda por lo certero que había sido Haru. Tenía razón, él había dejado la timidez con ella hacía años.
Ya no se escondía detrás de Maikol ni evitaba mirarla cuando hablaban. Entre ellos había una