—No te vayas —Nicole tomó sus manos con las cejas hundidas—. Te ha costado mucho hacer amigos aquí, imagínate allá.
Haru sonrió.
—¿Eso es lo que te preocupa? —Alzó una ceja—. Puedo cuidarme solo, Nicole. He aprendido a hablar mucho más gracias a tu ayuda, ¿lo olvidas?
Nicole se mordió una uña, incómoda por lo certero que había sido Haru. Tenía razón, él había dejado la timidez con ella hacía años.
Ya no se escondía detrás de Maikol ni evitaba mirarla cuando hablaban. Entre ellos había una confianza tejida con tardes compartidas, secretos guardados y fiestas de té.
Aunque a veces ella se sentía demasiado pequeña para entender lo que eso significaba, sabía que lo que tenían era especial. Tan especial que le daba miedo perderlo.
—¡Eres mi mejor amigo! Te he ayudado en todo desde que somos niños. Nunca nos separamos… —proclamó, preocupada por su partida—. ¿Por qué me dejas así? ¿Qué pasará con nuestra amistad si ya no nos vemos?
—Podemos hacer videollamadas. Ya escuchaste a mi pa