Helena despertó, sintiéndose un poco somnolienta, como si emergiera lentamente de un sueño profundo y espeso.
Parpadeó varias veces, tratando de enfocar su visión. Estaba en una habitación del hospital.
Giró la cabeza con cuidado y vio a
Sarai sentada a su lado, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas.
—Cariño, qué bueno que has despertado —le dijo, tomando su mano—. Estábamos muy preocupados por ti.
Helena, aún desconcertada por no recordar muy bien lo que le pasó, decidió preguntarle a su madre.
—¿Qué fue lo que me pasó? Mis recuerdos están un poco borrosos —Se tocó la cabeza, sentía una leve punzada—. Los bebés…
Abrió los ojos cuando aquellas imágenes de su parto azotaron su mente como una ráfaga potente de recuerdos.
—¿Dónde están? —añadió, hundiendo ambas cejas.
Nicolás se acercó con un bebé en brazos al escuchar la voz de Helena. El niño dormía, envuelto en una manta blanca con bordes celestes, el rostro sereno y los puñitos cerrados sobre el p