Helena despertó, sintiéndose un poco somnolienta, como si emergiera lentamente de un sueño profundo y espeso.
Parpadeó varias veces, tratando de enfocar su visión. Estaba en una habitación del hospital.
Giró la cabeza con cuidado y vio a
Sarai sentada a su lado, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas.
—Cariño, qué bueno que has despertado —le dijo, tomando su mano—. Estábamos muy preocupados por ti.
Helena, aún desconcertada por no recordar muy bien lo que le pas