Capítulo 266: El Descenso al Abismo
El beso de Valerius fue un rito de posesión y despedida. El sabor de su piel, mezclado con la sal del sudor y el hierro de la sangre, envolvió los sentidos de Astraea, nublando por un instante la advertencia de Mikhail. El calor de su cuerpo contra el de ella era una barricada de carne y hueso, una verdad sensorial que desafiaba a cualquier traición.
Cuando se separaron, la puerta de piedra se terminó de deslizar, revelando una oscuridad que parecía respirar.